sábado, noviembre 12, 2005

París

El párroco de la iglesia de Saint Sulpice, en París, anda muy atareado últimamente con las masas de turistas que, con su ejemplar de El código Da Vinci, de Dan Brown, bajo el brazo, vienen a preguntarle dónde está la línea de plata en el centro de la nave que describe el narrador (y que en efecto existe) y dónde se comete aquel crimen que es uno de los episodios neurálgicos de la novela. Un amigo mío que trabaja en la editorial Plon, exactamente frente a Saint Sulpice, al otro lado de la bellísima plaza, y que conoce al párroco, me dice que éste anda desconcertado y entristecido con esta prueba flagrante de enajenación colectiva: ¿cómo es posible que tanta gente se tome en serio ese disparate sacrílego según el cual Cristo y María Magdalena procrearon y el secreto de la estirpe que así fundaron lo preserva hasta nuestros días una secta de fanáticos que no vacila en recurrir al crimen para evitar que se haga público?
El acosado párroco sabe, sin duda, mucho de religión, pero lo ignora todo sobre los poderes de la ficción para irrumpir en la historia y en la vida, y trastocarlas. Por lo demás, no existe una ciudad en el mundo como París donde la literatura haya depositado, sobre la realidad, una capa tan rica y deslumbrante de mentiras literarias, inseparables ya de aquella, y a menudo más ciertas y visibles que las verdades objetivas que les gustan a los historiadores. Puede ser que el monstruoso Quasimodo sólo existiera en la fantasía de Victor Hugo, pero todo el que entra en Notre Dame siente su presencia rondando las torres y asomando entre las gárgolas. Y, en cuanto a Saint Sulpice, yo confieso que todas las veces que he entrado en su monumental estructura, he ido a curiosear aquel rincón desde el que Marius, en Los Miserables, ve por única vez en la vida a su padre, el señor de Pontmercy.

(Mario Vargas Llosa: "La lucha con el Ángel"
Para LA NACION)

viernes, noviembre 11, 2005

Stay

Faraway, so close,
up with the static and the radio.
With satelite television
you can go anywhere...
Miami, New Orleans,
London, Belfast and Berlin...
And if you listen, I can't call.
And if you jump, you just might fall.
And if you shout, I'll only hear you.
If I could stay...
then the night would give you up.
Stay...then the day would keep its trust.
Stay...with the demons you drowned.
Stay...with the spirit I found.
Stay...and the night would be enough.

(U2. Faraway, so close)

viernes, noviembre 04, 2005

Naranjo en flor

Era más blanda que el agua,
que el agua blanda,
era más fresca que el río,
naranjo en flor.
Y en esa calle de estío,
calle perdida,

dejó un pedazo de vida
y se marchó...

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento...

Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon con el viento.
Después...¿qué importa el después?
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado,
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.


¿Qué le habrán hecho mis manos?
¿Qué le habrán hecho
para dejarme en el pecho
tanto dolor?
Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.


(Homero Expósito)