viernes, diciembre 30, 2005

Cromañón


Aunque esa noche no estuve allí, ni mis hijas estuvieron allí, ni ninguno de mis alumnos estuvo allí, desde el 30 de diciembre del año pasado a menudo paso largos momentos de angustia dentro de Cromañón. Porque fui a muchos recitales en mi vida, aunque hace años que casi no lo hago, porque mi hija menor fue a ese mismo boliche unas semanas antes del horror, porque amigos de mis alumnos perdieron la vida en él. Porque, a pesar de ser profesora de literatura y haber explicado cientos de veces lo que es una tragedia, sólo comprendí el cabal significado de lo trágico esa noche, cuando las sirenas que aturdían mi barrio (vivo a sólo ocho cuadras) me hicieron temer algo definitivamente grave, cuando las primeras imágenes televisivas me quitaron el sueño y los sueños, cuando comprendí que era fin de año pero no había Año Nuevo. Me indigné con la indiferencia de quienes encendieron fuegos artificiales para festejar mientras tantos sufrían; lloré con cada uno de los padres, novios, hermanos; me angustié con los relatos de quienes pudieron sobrevivir.
Como en las tragedias griegas, sentí el temor, el miedo por nuestros chicos, el miedo por nuestras vidas, tan frágiles. También sentí la compasión que se multiplica infinitamente en cada uno de los relatos, en las historias mínimas y absolutas, que no puedo dejar de leer a pesar de la angustia. Pero, a diferencia de esas antiguas tragedias, no termina de haber catarsis: no se trata de la imitación de hechos terribles, es un hecho terrible, es real y permanente, y no hay desahogo posible.
Indudablemente, el reparto de responsabilidades y culpas es importante y puede aliviar un poco pero no cierra la herida. Porque ésta sigue abierta a pesar de Chabán preso, de los funcionarios acusados, de los músicos sospechados y del peso de la conciencia del que encendió la bengala (si es que vive). Porque la fragilidad de nuestras vidas, acentuada sin dudas por la irresponsabilidad, la corrupción y el desinterés por los otros que caracterizan a nuestra sociedad, se puso en evidencia para siempre esa noche que no termina de terminar. Porque mi dolor no cesa y, aunque no se pueda equiparar con el de las víctimas o sus familiares, está vivo. Porque de alguna manera yo también estuve en Cromañón.

jueves, diciembre 08, 2005

Cucub

Vayan y cuenten en las aldeas que volvió el mensajero.
Digan que está cansado. Y que camina con dolor. Que parece un anciano cuando calla y parece un niño cuando sonríe.

Digan, también, que continúa cantando contra el Odio. Porque aprendió, de tanto andar en la tierra, que el Odio retrocede cuando los hombres cantan.

(Liliana Bodoc. Los días del fuego)

lunes, diciembre 05, 2005

La Destrenzada

Cuando la silueta de la Destrenzada apareció en la boca de la gruta, el Brujo sonrió.
La Destrenzada había humedecido su piel con aceite de madreselvas.
-Porque tengo amor- le respondió al brujo que buscaba el lugar donde empezaba el perfume.
A la Destrenzada le gustaba aquella cueva porque allí atrapaba gotas de agua que luego llevaba en sus manos para verterlas sobre la boca de Welenkín.
Y era siempre lo mismo.
-Sucederá con la sexta gota que bebas- prometía la Destrenzada.
La Destrenzada caminaba por la cueva, procurando adivinar cuál de todas las gotas que pendían del techo rocoso sería la primera en desprenderse.

El Brujo la miraba recostado contra una pared de la gruta. Welenkín la amaba siempre. Ella lo amaba a veces.
-¡Aquí está!
La Destrenzada se acercó a Welenkín con la primera gota.
-Bebe- le dijo-. Es agua que arde en la lengua.
Y los ojos negros sonrieron en los ojos dorados.
Welenkín observaba ensimismado los pies descalzos de la mujer que andaba con gracia sobre la piedra oscura.
-¡Aquí está!
La Destrenzada llegó con la segunda gota.
Bebe -dijo-. Es agua que da sed.
Y una boca sonrió sobre la otra.
Al poco rato, volvió la Destrenzada con la tercera gota.
-Y ésta es agua que desespera.
Welenkín era dorado. La Destrenzada era oscura.
Con la cuarta gota de agua la mujer hizo una promesa. Con la quinta gota de agua, hizo un pedido. Y con la sexta gota, la Destrenzada no quiso irse ni Welenkín quiso que se fuera.
Hasta el amanecer, en La-gruta-que-siempre-llueve, el instante se transformó en el único tiempo. No fue larga ni breve la noche para los amantes. La noche giró sobre sí misma, anudó las piernas. Y se dispuso para la felicidad...

(Liliana Bodoc. Los días del fuego)

Naufragio inconcluso


Este temporal a destiempo,
estas rejas en las niñas de mis ojos,
esta pequeña historia de amor que se cierra
como un abanico que abierto
mostraba a la bella alucinada:
la más desnuda del bosque
en el silencio musical de los abrazos.
(Alejandra Pizarnik)

sábado, noviembre 12, 2005

París

El párroco de la iglesia de Saint Sulpice, en París, anda muy atareado últimamente con las masas de turistas que, con su ejemplar de El código Da Vinci, de Dan Brown, bajo el brazo, vienen a preguntarle dónde está la línea de plata en el centro de la nave que describe el narrador (y que en efecto existe) y dónde se comete aquel crimen que es uno de los episodios neurálgicos de la novela. Un amigo mío que trabaja en la editorial Plon, exactamente frente a Saint Sulpice, al otro lado de la bellísima plaza, y que conoce al párroco, me dice que éste anda desconcertado y entristecido con esta prueba flagrante de enajenación colectiva: ¿cómo es posible que tanta gente se tome en serio ese disparate sacrílego según el cual Cristo y María Magdalena procrearon y el secreto de la estirpe que así fundaron lo preserva hasta nuestros días una secta de fanáticos que no vacila en recurrir al crimen para evitar que se haga público?
El acosado párroco sabe, sin duda, mucho de religión, pero lo ignora todo sobre los poderes de la ficción para irrumpir en la historia y en la vida, y trastocarlas. Por lo demás, no existe una ciudad en el mundo como París donde la literatura haya depositado, sobre la realidad, una capa tan rica y deslumbrante de mentiras literarias, inseparables ya de aquella, y a menudo más ciertas y visibles que las verdades objetivas que les gustan a los historiadores. Puede ser que el monstruoso Quasimodo sólo existiera en la fantasía de Victor Hugo, pero todo el que entra en Notre Dame siente su presencia rondando las torres y asomando entre las gárgolas. Y, en cuanto a Saint Sulpice, yo confieso que todas las veces que he entrado en su monumental estructura, he ido a curiosear aquel rincón desde el que Marius, en Los Miserables, ve por única vez en la vida a su padre, el señor de Pontmercy.

(Mario Vargas Llosa: "La lucha con el Ángel"
Para LA NACION)

viernes, noviembre 11, 2005

Stay

Faraway, so close,
up with the static and the radio.
With satelite television
you can go anywhere...
Miami, New Orleans,
London, Belfast and Berlin...
And if you listen, I can't call.
And if you jump, you just might fall.
And if you shout, I'll only hear you.
If I could stay...
then the night would give you up.
Stay...then the day would keep its trust.
Stay...with the demons you drowned.
Stay...with the spirit I found.
Stay...and the night would be enough.

(U2. Faraway, so close)

viernes, noviembre 04, 2005

Naranjo en flor

Era más blanda que el agua,
que el agua blanda,
era más fresca que el río,
naranjo en flor.
Y en esa calle de estío,
calle perdida,

dejó un pedazo de vida
y se marchó...

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento...

Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon con el viento.
Después...¿qué importa el después?
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado,
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.


¿Qué le habrán hecho mis manos?
¿Qué le habrán hecho
para dejarme en el pecho
tanto dolor?
Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.


(Homero Expósito)

lunes, octubre 03, 2005

Las flores del argelino

Es domingo por la mañana, las diez, en el cruce de las calles Jacob y Bonaparte, en el barrio de Saint-Germain-des-Prés, hace diez días. Un joven que viene del mercado de Buci avanza hacia este cruce . Tiene veinte años, viste muy miserablemente, y empuja una carretilla llena de flores: es un joven argelino, que vende flores a escondidas, como vive. Avanza hacia el cruce Jacob-Bonaparte, menos vigilado que el mercado, y se detiene allí, aunque bastante inquieto.
Tiene razón. No hace aún diez minutos que está allí -no ha tenido tiempo de vender un solo ramo- cuando dos señores "de civil" se le acercan. Vienen de la calle Bonaparte. Van a la caza. Nariz al viento, husmeando el aire de este hermoso domingo soleado, prometedor de irregularidades. Van directo hacia su presa.
¿Papeles?
No tiene papeles de autorización para entregarse al comercio de las flores.
Así, pues, uno de los dos señores se acerca a la carretilla, desliza debajo su puño cerrado y -¡eh!, ¡qué fuerte es!- de un solo puñetazo vuelca todo el contenido. El cruce se inunda de las primeras flores de la primavera (argelina).
Ni Eisenstein ni nadie está ahí, para captar la imagen de las flores por el suelo, que mira el joven argelino de veinte años, escoltado a uno y otro lado por los representantes del orden francés. Los primeros coches que transitan por allí, y esto no puede impedirse, evitan destrozar las flores, esquivándolas instintivamente mediante un rodeo.
Nadie en la calle, excepto, sí , una mujer, una sola:
- ¡Bravo!, señores -exclama-. Ven ustedes, si se hiciera eso cada vez, nos libraríamos pronto de esta chusma. ¡Bravo!
Pero viene del mercado otra mujer, que iba tras ella. Mira, tanto las flores como al joven criminal que las vendía, y a la mujer jubilada, y a los dos señores. Y sin decir una palabra, se inclina, recoge unas flores, se acerca al joven argelino y le paga. Después de ella, llega otra mujer, recoge y paga. Después de ésta, llegan otras cuatro mujeres, se inclinan, recogen y pagan. Quince mujeres. Siempre en silencio. Aquellos señores patalean. Pero, ¿qué hacer? Esas flores están en venta y no se puede impedir que se quiera comprarlas.
Apenas han pasado diez minutos. No queda ni una sola flor por el suelo.
Después de esto, los citados señores pudieron llevarse al joven argelino al puesto de policia.
(Marguerite Duras Outside)

sábado, octubre 01, 2005

Exiles


My home...was a place by the sand
Cliffs...and a military band
Blew an air of normality.

(King Crimson)

Con la frente marchita

Aquellas banderas
de la patria de la primavera,
a decirme que existe el olvido,

esta noche han venido.
Te sentaba tan bien,

esa boina calada al estilo del Che...
Buenos Aires es como contabas,

hoy fui a pasear,
y al llegar

a la Plaza de Mayo me dio por llorar
y me puse a gritar:

"¿Dónde estás?"

Y no volví más
a tu puesto del Rastro a comprarte
corazones de miga de pan,

sombreritos de lata.
Y ya nadie me escribe diciendo:
"No consigo olvidarte,

ojalá que estuvieras conmigo
en el Río de La Plata"

(Joaquín Sabina)

viernes, septiembre 30, 2005

Sueño con serpientes

Hay hombres que luchan un dia
y son buenos.
Hay otros que luchan todo el año
y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años
y son muy buenos...
Pero los hay que luchan toda la vida.
Esos son imprescindibles.

(Bertolt Brecht)

Sueño con serpientes, con serpientes de mar,
con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo.
Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan
lo que puedan arrebatarle al amor.
Oh, la mato y aparece una mayor.
Oh, con mucho más infierno en digestión.

No quepo en su boca, me trata de tragar
pero se atora con un trébol de mi sien.
Creo que está loca; le doy de masticar
una paloma y la enveneno de mi bien.
Oh, la mato y aparece una mayor.
Oh, con mucho más infierno en digestión.

Ésta al fin me engulle, y mientras por su esófago
paseo, voy pensando en qué vendrá.
Pero se destruye cuando llego a su estómago
y planteo con un verso una verdad.
Oh, la mato y aparece una mayor.
Oh, con mucho más infierno en digestión.

(Silvio Rodríguez)

Molly Bloom

" ... y el mar el mar carmesí a veces como el fuego y las gloriosas puestas de sol y las higueras en los jardines de la Alameda sí y todas las extrañas callejuelas y las casas rosadas y azules y amarillas y los jardines de rosas y jazmines y de geranios y de cactos y Gibraltar cuando yo era chica y donde yo era una Flor de la montaña sí cuando me puse la rosa en el cabello como hacían las chicas andaluzas o me pondré una colorada sí y cómo me besó bajo la pared morisca y yo pensé bueno tanto da él como otro y después le pedí con los ojos que me lo preguntara otra vez y después él me preguntó si yo quería sí para que me dijera sí mi flor de la montaña y yo primero lo rodeé con mis brazos y lo atraje hacia mí para que pudiera sentir mis senos todo perfume sí y su corazón golpeaba loco y sí yo dije quiero Sí."
(James Joyce. Ulysses)

sábado, septiembre 24, 2005

La historia interminable

Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores.
Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa... o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serían felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.
La pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros.
Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado... Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta...Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido...Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces.
(Michael Ende. La historia interminable)

sábado, septiembre 17, 2005

Adán y Eva

EN LA TUMBA DE EVA

ADÁN: Dondequiera que ella estaba, allí era el Edén.
(Mark Twain. Diarios de Adán y Eva)

lunes, septiembre 05, 2005

Cantar de los Cantares

Qué bella eres, oh amada mía!
¡Que bella eres!
Tus ojos son como de palomas,
mirando a través de tu velo.
Tus cabellos son como manada de cabritos
que se deslizan por las laderas de Galaad.
Tus dientes son como rebaños de ovejas

trasquiladas que suben del lavadero:
que todas tienen mellizos,
y ninguna hay sin cría.
Tus labios son como hilo de grana,

y tu boca es bella.
Tus mejillas parecen mitades de granada,
a través de tu velo.
Tus dos pechos son como dos venaditos,

mellizos de gacela,
que se apacientan entre lirios.

Un jardín cerrado es mi hermana y novia,
un jardín cerrado, un manantial sellado.
Tus plantas son un huerto

de granados con exquisito fruto.
Hay alheñas y nardos;
azafrán, cálamo, canela,

plantas de incienso, mirra, aloe,
con todas las mejores variedades de especias.
¡Es un manantial cercado de jardines,

un pozo de aguas vivas que corren del Líbano!

¡Levántate, oh Aquilón! ¡Ven, oh Austro!
Soplad en mi jardín, y despréndanse sus aromas.
Venga mi amado a su huerto
y coma de su exquisito fruto.

(Salomón)

miércoles, julio 27, 2005

Porto de Galinhas

Ah, ouve essas fontes murmurantes
Aonde eu mato a minha sede
E onde a lua vem brincar
Oi, este Brasil lindo e trigueiro
É o meu Brasil brasileiro
Terra de samba e pandeiro

Brasil, pra mim,
pra mim, Brasil
Brasil, pra mim...

domingo, julio 17, 2005

Sampa


Alguma coisa acontece no meu coração,
que só quando cruza a Ipiranga e Av.São João.
É que quando eu cheguei por aqui eu nada entendi
da dura poesia concreta de tuas esquinas,
da deselegância discreta de tuas meninas.
Ainda não havia para mim Rita Lee ,
a tua mais completa tradução.
Alguma coisa acontece no meu coração,
Que só quando cruza a Ipiranga e Av.São João.


(Caetano Veloso)

lunes, julio 11, 2005

Antes del atardecer

Me obsesionan las cosas pequeñas. Cuando era niña, mi mamá me dijo que siempre llegaba tarde a la escuela. Un día ella me siguió para saber por qué. Yo estaba viendo las castañas caer de los árboles y rodar en la acera o las hormigas cruzando el camino, la sombra de una hoja en el tronco de un árbol...
Cosas pequeñas. Creo que lo mismo pasa con la gente. Veo en ellos pequeños detalles, muy propios de cada uno, que me conmueven y que extraño y que siempre extrañaré.
Nadie se puede reemplazar porque todos están hechos de detalles hermosos y específicos. Como, recuerdo que tu barba tiene un poco de rojo y cómo el sol la hacía brillar esa mañana antes de que te fueras. Recuerdo eso... y lo extrañé.

(Antes del atardecer. Guión de Richard Linklater, Julie Delpy, Ethan Hawke)

domingo, junio 26, 2005

Hadas


Do you believe in fairies? Say quick that you believe. If you believe, clap your hands!

(James M. Barrie. Peter Pan)





sábado, junio 18, 2005

Los libros y el Quijote


-¡Bueno está eso! -respondió don Quijote-. Los libros que están impresos con licencia de los reyes y con aprobación de aquellos a quien se remitieron, y que con gusto general son leídos y celebrados de los grandes y de los chicos, de los pobres y de los ricos, de los letrados e ignorantes, de los plebeyos y caballeros, finalmente, de todo género de personas, de cualquier estado y condición que sean, ¿habían de ser mentira?; y más llevando tanta apariencia de verdad, pues nos cuentan el padre, la madre, la patria, los parientes, la edad, el lugar y las hazañas, punto por punto y día por día, que el tal caballero hizo, o caballeros hicieron. Calle vuestra merced, no diga tal blasfemia (y créame que le aconsejo en esto lo que debe de hacer como discreto), sino léalos, y verá el gusto que recibe de su leyenda.

(Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quijote de la Mancha. Capítulo L)

viernes, junio 17, 2005

Elisa, vida mía

Divina Elisa, pues agora el cielo
con inmortales pies pisas y mides,
y su mudanza ves, estando queda,
¿por qué de mí te olvidas y no pides
que se apresure el tiempo en que este velo
rompa del cuerpo, y verme libre pueda,
y en la tercera rueda,
contigo mano a mano,
busquemos otro llano,
busquemos otros montes y otros ríos,
otros valles floridos y sombríos,
do descansar y siempre pueda verte
ante los ojos míos,
sin miedo y sobresalto de perderte?

(Garcilaso de la Vega. Égloga I)

Alma ausente

No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y monjes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados...

(Federico García Lorca)

Time to die

I've seen things you people wouldn't believe...
Attack ships on fire off the shoulder of Orion...
I watched C-beams glitter in the dark near the Tannhauser gate...
All those moments will be lost in time,
like tears in the rain...
Time to die.


(Roy Batty, Blade Runner)

Elegía

(En Orihuela, su pueblo y el mío,
se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
(Miguel Hernández)

Los Puertos Grises

—¿A dónde va usted, mi amo? —gritó Sam, aunque por fin había comprendido lo que estaba sucediendo.
—A los Puertos, Sam —dijo Frodo.
—Y yo no puedo ir.
—No, Sam. No todavía, en todo caso; no más allá de los Puertos. Aunque también llegará la hora, quizá. No te entristezcas demasiado, Sam. No siempre podrás estar partido en dos. Necesitarás sentirte sano y entero, por muchos años. Tienes tantas cosas de que disfrutar, tanto que vivir y tanto que hacer.
—Pero —dijo Sam, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas—, yo creía que también usted iba a disfrutar en la Comarca, años y años, después de todo lo que ha hecho.
—También yo lo creía, en un tiempo. Pero he sufrido heridas demasiado profundas, Sam. Intenté salvar la Comarca y la he salvado; pero no para mí. Así suele ocurrir, Sam, cuando las cosas están en peligro: alguien tiene que renunciar a ellas, perderlas, para que otros las conserven. Pero tú eres mi heredero: todo cuanto tengo y podría haber tenido te lo dejo a ti. Y además tienes a Rosa y a Elanor; y vendrán también el pequeño Frodo y la pequeña Rosa, y Merry, y Rizos de Oro, y Pippin; y acaso otros que no alcanzo a ver. Tus manos y tu cabeza serán necesarios en todas partes. Serás el alcalde, naturalmente, por tanto tiempo como quieras serlo, y el jardinero más famoso de la historia; y leerás las páginas del Libro Rojo, y perpetuarás la memoria de una edad ahora desaparecida, para que la gente recuerde siempre el Gran Peligro, y ame aún más entrañablemente el país bienamado. Y eso te mantendrá tan ocupado y tan feliz como es posible serlo, mientras continúe tu parte de la Historia.
»¡Y ahora ven, cabalga conmigo!
(...)Frodo besó entonces a Merry y a Pippin, y por último a Sam, y subió a bordo; y fueron izadas las velas, y el viento sopló, y la nave se deslizó lentamente a lo largo del estuario gris; y la luz del frasco de Galadriel que Frodo llevaba en alto centelleó y se apagó. Y la nave se internó en la Alta Mar rumbo al Oeste, hasta que por fin, en una noche de lluvia, Frodo sintió en el aire una fragancia y oyó cantos que llegaban sobre las aguas; y le pareció que, como en el sueño que había tenido en la casa de Tom Bombadil, la cortina de lluvia gris se transformaba en plata y cristal, y que el velo se abría y ante él aparecían unas playas blancas, y más allá un país lejano y verde a la luz de un rápido amanecer.

(J.R.R.Tolkien. El Señor de los Anillos)




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Bodas de sangre

Novia:
¡Ay que sinrazón! No quiero

contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.
He dejado a un hombre duro
y a toda su descendencia
en la mitad de la boda
y con la corona puesta.
Para ti será el castigo
y no quiero que lo sea.
¡Déjame sola! ¡Huye tú!
No hay nadie que te defienda (...)

Leonardo:
También yo quiero dejarte

si pienso como se piensa.
Pero voy donde tú vas.
Tú también. Da un paso. Prueba.
Clavos de luna nos funden
mi cintura y tus caderas.
(Toda esta escena es violenta, llena de gran sensualidad.)

(Federico García Lorca)

jueves, junio 16, 2005

Ojalá

Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.

Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.

Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.

Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.

(Silvio Rodríguez)

Parábola de Cervantes y de Quijote

Harto de su tierra de España, un viejo soldado del rey buscó solaz en las
vastas geografías de Ariosto, en aquel valle de la luna donde está el tiempo que malgastan los sueños y en el ídolo de oro de Mahoma que robó Montalbán.
En mansa burla de sí mismo, ideó un hombre crédulo que, perturbado por la lectura de maravillas, dio en buscar proezas y encantamientos en lugares prosaicos que se llamaban El Toboso o Montiel.
Vencido por la realidad, por España, Don Quijote murió en su aldea natal hacia 1614. Poco tiempo lo sobrevivió Miguel de Cervantes.
Para los dos, para el soñador y el soñado, toda ésa trama fue la oposición de dos mundos: el mundo irreal de los libros de caballerías, el mundo cotidiano y común del siglo xvii.
No sospecharon que los años acabarían por limar la discordia, no sospecharon que la Mancha y Montiel y la magra figura del caballero serían, para el porvenir, no menos poéticas que las eta­pas de Simbad o que las vastas geografías de Ariosto.
Porque en el principio de la literatura está el mito, y asimismo en el fin.

(Jorge Luis Borges, de El Hacedor)

sábado, junio 04, 2005

God

God is a concept
by which we measure
our pain.
I'll say it again.
God is a concept
by which we measure
our pain.

I don't believe in magic,
I don't believe in I-Ching,
I don't believe in Bible,
I don't believe in tarot,
I don't believe in Hitler,
I don't believe in Jesus,
I don't believe in Kennedy,
I don't believe in Buddha,
I don't believe in mantra,
I don't believe in Gita,
I don't believe in yoga,
I don't believe in kings,
I don't believe in Elvis,
I don't believe in Zimmerman,
I don't believe in Beatles.
I just believe in me,
Yoko and me,
and that's reality.

The dream is over.
What can I say?
The dream is over.
Yesterday,
I was the dreamweaver,
but now I'm reborn,
I was the walrus,
but now I'm John.
And so, dear friends,
you just have to carry on.
The dream is over.

(John Lennon)

lunes, mayo 30, 2005

Para leer en forma interrogativa


Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.

(Julio Cortázar)

martes, mayo 17, 2005

Dolor

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...
Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar.
Y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

(Alfonsina Storni)

Aquellas pequeñas cosas

Uno se cree
que los mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.
Como un ladrón
te acechan detrás de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas,
que el viento arrastra allá o aquí...
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.


(Joan Manuel Serrat)

miércoles, mayo 11, 2005

A estos hombres tristes

Salva tu piel,
la ciudad te llevó el verano.
Ponte color, que al morir
los hombres son blancos,
más blancos que al volar
sin volver, sin volver,
que al volar sin volver.
-
Tú tienes pies y tienes manos
pero no se ven,
si tus pies hoy nacieron viento
déjalos correr,
y si tus manos con las plantas
déjalas crecer.
-
Vive de azul
porque azul no tienes domingos
ríete al fin
que llorar trae tanto frío,
más frío que olvidar
cómo ver, cómo ver,
que olvidar cómo ver.
-
Una vez vi que no cantabas
y no sé por qué,
si tienes voz, tienes palabras
déjalas caer,
cayéndote suena tu vida
aunque no lo creas.
-
Cuánta ciudad, cuánta sed
y tú un hombre solo...
(Luis Alberto Spinetta)

sábado, mayo 07, 2005

In my life

There are places I'll remember
all my life, though some have changed.
Some forever, not for better,
some have gone and some remain.
All these places have their moments,
with lovers and friends I still can recall,
some are dead and some are living.
In my life I've loved them all.
But of all these friends and lovers
there is no one compares with you.
And these memories lose their meaning
when I think of love as something new.
Though I know I'll never lose affection
for people and things that went before,
I know I'll often stop and think about them.
In my life I love you more.
(Lennon-Mc.Cartney)

En Coulliure

Soplaban vientos del sur
y el hombre emprendió viaje.
Su orgullo, un poco de fe
y un regusto amargo fue
su equipaje.
-
Miró hacia atrás y no vio
más que cadáveres sobre
unos campos sin color,
su jardín sin una flor
y sus bosques sin un roble.
-
Y viejo
y cansado
a orillas del mar
bebióse sorbo a sorbo su pasado.
-
Profeta
ni mártir
quiso Antonio ser.
Y un poco de todo lo fue sin querer.
-
Una gruesa losa gris
vela el sueño del hermano.
La hierba crece a sus pies
y le da sombra un ciprés
en verano.
-
El jarrón que alguien llenó
de flores artificiales,
unos versos y un clavel,
y unas ramas de laurel
son las prendas personales
-
del viejo
y cansado
que a orillas del mar
bebióse sorbo a sorbo su pasado.
-
Profeta
ni mártir
quiso Antonio ser.
Y un poco de todo lo fue sin querer.
-
(Joan Manuel Serrat. DEDICADO A ANTONIO MACHADO, POETA)

He andado muchos caminos



He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra.
y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomo de mula vieja.
Y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.
(Antonio Machado)

Gente necesaria



Hay gente que con sólo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales:
que con sólo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente que con sólo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca guirnaldas;
que con sólo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entre casa.

Hay gente que con sólo abrir la boca
llega hasta los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después como si nada
y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria
pues sabe que a la vuelta de la esquina
hay gente que es así, tan necesaria.

(Hamlet Lima Quintana)

jueves, mayo 05, 2005

Pour toi, mon amour

Je suis allé au marché aux oiseaux
Et j'ai acheté des oiseaux
Pour toi
Mon amour.

Je suis allé au marché aux fleurs
Et j'ai acheté des fleurs
Pour toi
Mon amour.

Je suis allé au marché à la ferraille
Et j'ai acheté des chaînes
De lourdes chaînes
Pour toi
Mon amour

Et puis je suis allé au marché aux esclaves
Et je t'ai cherchée
Mais je ne t'ai pas trouvée
Mon amour.


(Jacques Prévert)

sábado, abril 30, 2005

Canção amiga


Eu preparo uma canção
em que minha mãe se reconheça,
todas as mães se reconheçam,
e que fale como dois olhos.
Caminho por uma rua
que passa em muitos países.
Se não me vêem, eu vejo
e saúdo velhos amigos.
Eu distribuo um segredo
como quem ama ou sorri.
No jeito mais natural
dois carinhos se procuram.
Minha vida, nossas vidas
formam um só diamante.
Aprendi novas palavras
e tornei outras mais belas.
Eu preparo uma canção
que faça acordar os homens
e adormecer as crianças.
(Carlos Drummond de Andrade)

La reina

Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, hay más bellas.
Pero tú eres la reina.
Cuando vas por las calles
nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira
la alfombra de oro rojo
que pisas donde pasas,
la alfombra que no existe.
Y cuando asomas
suenan todos los ríos
en mi cuerpo, sacuden
cielo las campanas,
y un himno llena el mundo.
Sólo tú y yo,
sólo tú y yo, amor mío,
lo escuchamos.
(Pablo Neruda)